El miedo es el que mata la voluntad de quien sueña, deja los sueños inertes cuando pasa por mentes inseguras de valientes dormidos, sosteniendo la espera de un tal vez, mañana si me atrevo. Y duele, como una herida que supura. Duele, invisible a los ojos de quien ve pero no mira, haciéndote víctima de juicios inciertos. Duele, porque no entienden como aprietan los temores que te atan a la duda y es que el dolor del miedo no se mide por heridas en la piel como un Moratón tras un golpe, si no por conductas aprendidas desde la infancia, por fracasos de intentos fallidos por la inexperiencia o el abuso de superiores imperiosos que creen tener poder sobre ti, lo que hace que el coraje se anule creando un nudo entre voz y garganta, construyendo un muro que absorbe las ganas de seguir. Ausentarse del mundo es la idea perfecta para salir de esta situación gris cada vez que atenaza, pero no es un acto valiente pretender uir, pones la autoestima en peligro, creand...