Mietras dormía... durante el trayecto en tren hablé de ella...
Prisa nos acompaña dia tras dia, prisa no piensa, prisa no siente ni imagina, prisa se limita a seguir el patrón que impone la rutina.
Prisa no conoce el mar, no conoce la brisa, ni su caricia, no conoce la calma.
Prisa es ruido, es amiga del tiempo que no hay, enemiga de quien necesita más.
Prisa se instala en las mentes, en los cuerpos manteniendo el cardio en una constante carrera de fondo que nunca consigue ganar, su mayor ribal es el cansancio que siempre gana el trofeo al final del día, el que nos aplasta cada noche y nos hace olvidar que la vida pasa en un instante.
Solo el reposo del sueño nos hace sentir libres y aun asi, no somos libres, porque tenemos prisa hasta al soñar.
Prisa alimenta nuestra ansia por llegar a tiempo sin tiempo, y si el tiempo acompaña, prisa quiere más prisa por empezar, prisa por acabar, prisa por controlar cada paso, no valla ser que con la prisa se nos olvide algo.
Prisa no sabe lo que es silencio, no sabe que es tranquilidad.
Prisa absorbe la vida que anhelamos cuando en el tren vemos pasar el paisaje, cuando en solo un pequeño instante nos permitimos frenar y coger aire para seguir corriendo a ninguna parte.
Prisa se adueña de nuestros pies al andar
Cuando al pisar el mismo suelo 100 veces ya conocen por donde pasan, sin ojos.
Prisa acompaña y con suerte ella se despista 10 min en un café, en un encuentro casual con un amigo que hace tiempo que no ves.
Prisa te inmobiliza la vida si no la sabes frenar a tiempo, y es que con el tiempo te adaptas a ella, siempre sabe como convencerte para seguir corriendo.
Prisa venda los ojos , tapa los oidos y ciega la piel, no tiene tiempo de sentir, de oir ni de ver.
No sabe que es el susurro del viento, el olor de la mañana o los colores del cielo al atardecer.
Despues de tanta prisa, la llegada de la tarde del domingo, se vuelve callada, a veces vacía, ahí piensas cuando tiempo nos pasamos corriendo olvidando lo importante. Aquel sueño que en la infancia perseguías, aquel abrazo que hace mucho no das, aquella mirada que ya no te mira, ese viaje sin ningún plan.
Al mismo tiempo nos preparamos para otro lunes más cuando de nuevo las prisa nos espera siempre tras la alarma del despertado.
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