Mirar a la cara a los domingos
es caer en un precipicio,
dar volumen al desorden desde entro
que causa la nostalgia al recordarte.
Mirar a la cara a los domingos es
repasar en orden alfabético los momentos,
buscar el calor de tus manos en mi cama
y lanzar golpes al aire al no encontrarlas.
Mirar a la cara a los domingos
es pedir permiso a los lunes
para volver a empezar de nuevo
6 días por semana, hacer como si nada,
y caer en un proximo, una vez más,
sin ti, arañando las entrañas.
Mirar a la cara a los domingos
es reir sin ganas,
correr sin prisa,
volar sin alas,
terminar el día como uno más,
echándole un pulso la razón al corazón
aprendiendo a despedirme ...
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