Navidad, fin de año y noche de reyes.
Celebraciónes incredulas de falsos creyentes, y escaparates robando el alma de la gente.
Comida a reventar, más los regalos que no pueden faltar.
12 uvas,
12 campanadas,
12 indigentes buscando cobijo debajo de un puente y tantos otros en cualquier calle sin poder cenar.
Familias, amigos y tambien conocidos unidos como todos los años. Algunos con certeza en los ojos, otros no tan cierta, de esos pretendía hablar que de los otros ya hablan todas las canciones en estas fechas.
Un año más iniciado con besos forzados, alguno repartido por Judas.
Sonrisa fingidas, por delante te abrazan y por detrás, durante el resto del año, te clavan la estaca de la infidelidad en la espalda pero hay que guardar la compostura que es Navidad!
Y aquí estoy yo, rompiendo las reglas de lo aceptable porque aparentar es lo que se lleva. No lo que yo.
Censurando temporalmente las críticas llenas de culpa, de envidia hirviendo en las bocas peleando por el mejor puesto a ver quién tiene más razón.
Hacerse la víctima en los problemas para encontrar alagos en boca de otros, pasándo la culpa al más vulnerable por no aceptar el error, pero en fiestas somos buenos todos, usando silencios fingidos. Cosa que yo no.
Tengo alma de revolucionaria, algunos dirían que de incrédula o maleducada, no mi madre, que diría que la educación no ha influido en mí actitud, si no que me he torcido en el camino, ya que eso no es lo que me enseñó. !Cuanta razón!
La gente inteligente es la más conflictiva moralmente porque pocos son los que entienden la palabra justicia, la palabra bondad, la palabra amor.
Nadie es mejor que nadie, simplemente somos diferentes, cada quien con su virtud y también con su error, aunque a todos nos gusta comer caliente
porque el frío casi siempre hiere
y yo escribo en crudo y frío lo que todos callan, la verdad que se oculta tras mentes incultas ansiosas por encontrar un lugar donde colgar la medalla que a otros robó, pero en estas fechas no hay rencores, es tiempo de olvido, de perdón. Desvestimos el alma para limpiar la mierda en la que nos revolcamos todo el año para luego volver a vestirla cuando las luces de la bondad dejen de alumbrar las calles de la ciudad donde el consumismo asoma la cara de izquierda a derecha vendiendo mentiras que ignotizan los ojos de todo el que mira.
Tubulto de gente entrando en locales abiertos a deshora, festivos y domingos donde ya no cabe ni un alma a última hora. Con regalos impuestos por las fechas, otros que por falta de tiempo creen suficiente limpiar su conciencia con dinero, saldando de ese modo los errores de los que nunca supieron pedir perdón.
Y este es el panoráma de la sociedad en la que vivimos, somos rebaños siguiendo un mismo camino volviendo siempre al mismo principio, firmando cada año un nuevo objetivo que casi nunca cumplimos....
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