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Desatando nudos

Cuesta sudor y lágrimas hacer libre a una mente atada a los nudos del miedo.

Noches de insomnio, taquicardias, fotogramas a mil pensamientos por segundo, un corazón al borde del precipicio de tanto que golpea el recuerdo.
Mente al límite de un grito rogando silencio!
Me vi caer en el abismo, en lo más profundo de la incertidumbre, de la duda. Perdiéndome quien soy durante años, ocultándome tras la sombra
y seguía cayendo...

Fui víctima de mis propias trabas acortándome las alas, las ganas, pasaba el tiempo
y seguía cayendo...

"Quizás algún día"
La misma frase una y otra vez en momentos de impulso. Valiente boca que sabe la teoría de memoria, una forma de autoconvencerse, pero como dicen;
"Por la boca muere el pez" cuando la inseguridad un día más gana la batalla.

Levantarse cada mañana sin ganas de haberlo hecho porque sientes como se te cae el mundo encima. Las horas se hacen eternas al poner el tiempo en manos de lo que más temes, sintiéndote discípulo sumiso del miedo, restándole tiempo a la vida.

Y se suma la prisa en momentos de extrema ansiedad deseando no existir porque nadie entiende lo duro que es no controlar lo que sientes, percibiendo la vida tres tallas más grande.
Se acerca el día de hacerle frente y anticipas las derrotas viviendo a sobresaltos, mezclando pasado y futuro, activando un cóctel molotov en tu estómago exterminando la autoestima.

Y todo suma, la impotencia de no poder controlar la llegada de los pensamientos, sintiendo que traicionas a aquellos que te han tendido la mano cuando más lo necesitabas. Otros se alejan, quizás por cansancio de escuchar todo el tiempo la misma queja y no poder hacer nada para cambiarlo.
Frustración, impotencia…
¿Cómo explicarlo? ¿Cómo arreglarlo? Sí, lo sé, solamente está en mi cabeza superarlo.

Tras incesantes intentos de mirar de frente al miedo sin tenerle miedo, en ocasiones creí haberle vencido. Me hice más grande ante su sombra que disminuía a la vez que mi seguridad crecía por momentos, sí, sólo por momentos cuando creía poder controlar situaciones en las que el compromiso no era demasiado.

También cabe destacar que me llenaron de halagos y nunca fui capaz de verlos en mí reflejados. Vivo pensándolos como balas disparando a mi mundo distorsionado a ver si con alguno de los disparos muere para siempre el miedo que me tiene atada de pies y manos.

Y aquí sigo imparable, desatando nudos del pasado, del presente y de un posible futuro en el que a veces apoyo mis ilusiones empujando demonios hacia fuera, intentando sacar de mi presente lo mejor, aunque siempre hay un muro contra el que te aplastan los temores haciendo que te preguntes de nuevo;

¿Hasta cuándo?
¿Hasta dónde?
¿Quién soy?
¿A dónde voy?

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